Diciembre: los invisibles, los olvidados.

Se cumplen ahora 50 años cuando un importante médico inglés, Julian Tudor Hart, enunció la llamada “ley de los cuidados inversos”: el acceso a atención médica de calidad disminuye en proporción inversa a su necesidad en la población, y ello se cumple más intensamente donde las fuerzas del mercado son más fuertes. Sin embargo, los médicos generales y de familia suelen ignorar la ubicuidad de dicha ley, y hasta su mero enunciado: En teoría, prestamos más servicios a quienes más los necesitan, pero en la práctica las cosas suceden en sentido inverso: los pobres, los marginados, los inmigrantes, los ancianos reciben menos cuidados.

Los médicos de familia tenemos asignado un cupo de pacientes. Es la forma organizativa que, de forma teórica al menos, garantiza que se preste una atención equitativa y de calidad a la población general. Veremos con algunos ejemplos cómo esta atención no es todo lo correcta que debería pudiendo hablar claramente de pacientes olvidados.

- Accesibilidad a las consultas. Están de moda los call center y la posibilidad de acceder a la agenda del médico de familia vía internet. En muchos centros de salud han aumentado las colas en el área administrativa y las dificultades de citación para un segmento amplio de la población, como son los ancianos, los parados, etc. a los que resulta difícil acceder a una línea de internet, tienen dificultades para disponer de un teléfono móvil activo, o directamente se pierden en la maraña de instrucciones que les da una máquina.

- Atención al inmigrante: cuesta ver en consulta al paciente que se expresa mal y no entiende bien, además de que viene muchas veces fuera de hora y sin cita. Son, en el momento actual, uno de los grupos de población con mayor riesgo de marginación y exclusión social, agravado por la crisis económica.

- Las consultas con ancianos: Se hacen farragosas y a veces irritantes, por la lentitud y la cantidad de cosas que hay que hacer y valorar en ellos. En ocasiones, se convierten en dianas de medicalización por su comorbilidad y la consiguiente polifarmacia.

- Pacientes en domicilio: La mayor parte de nosotros vemos las visitas a domicilio como algo anacrónico e incómodo. Normalmente es una decisión que se pospone, justificándose por tener siempre algo más importante que hacer, generalmente la consulta a demanda, que nos impide salir a la calle y visitar al anciano con demencia o insuficiencia cardíaca y a su cuidador/a.

Hay otro grupo de pacientes que podemos encuadrar en una categoría similar, pero no idéntica. Son aquellos que acuden a consulta, con los que tenemos contacto, pero a los que casi nunca acabamos de prestarles la suficiente atención, por unas u otras razones. Son los pacientes invisibles. A saber:

- Los cuidadores: cuando van acompañando al familiar y han pedido cita para los dos. Indefectiblemente el cuidado roba tiempo y atenciones en consulta al cuidador.

En el caso de que el cuidador no sea familiar del cuidado y esté en nuestro cupo, la situación se agrava aún más, pues éste suele presentar la comorbilidad de ser inmigrante. La “interna” es un paciente muy frágil, cuya atención es de todos (de todos los médicos especialistas de su país, del primer médico que la vio en España, del médico del hijo de su última abuela y del médico de la de ahora) y al final no es de nadie.

Aunque el cuidador no sea de nuestro cupo es un imperativo moral hacerle una valoración de su estado emocional o biopsicosocial, porque el estado de nuestro paciente depende del buen estado del cuidador.

- El que va por lo privado: y que viene a consulta porelinteréstequieroAndrés. De todos es sabido que si el médico comete la ilegalidad de hacer recetas de médicos privados (o de asumir el diagnóstico y recetarlas él mismo, que parece distinto pero es lo mismo) a veces acaba transigiendo con cosas que él no habría hecho. Estos pacientes corren el riesgo de quedar a la deriva de la atención especializada sin necesitarla, pero con la peculiaridad de que nosotros somos testigos pasivos. No porque no nos importe su atención, sino porque su insistencia en ser valorado en ese nivel asistencial hace que nos inhibamos. Bastante tenemos ya con lo que tenemos.

Hay otro grupo de éstos pacientes que se quieren atender en especializada de sus médicos privados porque nunca sus médicos de cabecera “les ofrecieron la atención”. Es lo mismo que pasa cuando a un tío feo le gusta una tía guapa en una discoteca. Que nunca se atreve a decirle nada porque piensa que es seguro que le rechazará, pero nunca se sabe.

- Los currelas: pacientes que tienes bien situados, pero que no conoces o que conoces a través de su esposa o hijos. Que consultan en fases manifiestamente sintomáticas de enfermedades agudas o fases avanzadas en enfermedades crónicas. Que siempre tienenqueirseyaqueentranatrabajar. Su atención es deficiente por la rigidez horaria de nuestra consulta. Y porque queremos perseguir los mismos objetivos que con cualquier otro tipo de paciente y al hacerlo, erramos. Por no saber valorarlos en el contexto.

- Los pacientes poco exigentes, de clase social baja, conformistas: esos que nunca dan guerra, vamos. Esos pacientes que de una u otra manera siempre se te escurren por la lista. Ésos que cuando llevas retraso siempre resultan damnificados. Que siempre pagan el pato. Solemos dedicar más tiempo de consulta a atender a la clase alta, culta, exigente, aunque no nos demos cuenta. Éstos últimos son los que te preguntan: tengo una amiga a la que le han hecho una colonoscopia porque su padre tuvo un cáncer de colon. Al mío le han quitado unos pólipos, ¿me la debo hacer yo? Eso nunca te lo pregunta un paciente analfabeto.

- Los ancianos institucionalizados en residencias cuya atención nos corresponde: la inercia terapeútica, el sin sentido diagnóstico dada la edad en la mayor parte de los casos, la tarea compartida con el compañero médico de la residencia y la carga de todo tipo que soportamos, hace que esta labor nos resulte “molesta”.

- Pacientes que viven en exclusión social: éstos rara vez llegan al centro de salud y, cuando lo hacen, es difícil entender todo lo que tienen detrás. Normalmente les cuesta mucho llegar y mucho más con una cita programada cuando se vive en un estado crónico de inmediatez y supervivencia. Por esto también se suele esperar de la visita soluciones rápidas y no medidas a largo plazo ni mucho menos preventivas. También esto influye en los medicamentos que se dispensan y en las posibles derivaciones o visitas de seguimiento.

- Paciente derivado, paciente olvidado: Olvidado significaría en nuestra dialéctica invisible. Un reto de difícil solución se convierte con un parte de interconsulta de por medio en un caso sencillo.

Durante la confección de este trabajo, tuvimos la oportunidad de encontrarnos con Julian Tudor Hart, al que se le interrogó acerca de la ley de cuidados inversos. Nos contó algo. (No son palabras textuales): El otro día fui a la tienda del pueblo a comprar algo, le pregunté al dueño que qué tal el negocio y me dijo que mal, que entraba poca gente. Pensé cómo podía el dueño mejorar sus ventas. Me di cuenta de que a la hora de orientar su negocio, solamente pensaba en los clientes que iban a comprarle, no en los que no iban. Eso mismo le pasa al generalista, que sólo piensa en los pacientes que acuden a su consulta, no en los que no acuden. Y todos son suyos. De ahí la importancia de la Salud Pública. Ahora todo en medicina gira en torno a la Medicina Clínica. Pero al fin y al cabo, la Medicina Clínica no es sino una pequeña parte de la Salud Pública.

 

AUTORES (P.O. alfabético):

. Beatriz Aragón Martín. Médica de Familia.

. Jesús Redondo Sánchez. Médico de Familia. CS Ramón y Cajal. Alcorcón. Madrid.

. Roberto Sánchez. Médico de Familia. Madrid.

Foto: Bruno Abarca.

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- Hart JT. The inverse care law. Lancet 1971; 1: 405–12.

2.- Watt G. The inverse care law today. Lancet. 2002 Jul 20;360(9328):252-4.

3.- Gérvas J. Oportunidades clínicas para compensar el impacto de las diferencias sociales en salud. Salud 2000. No 98. Septiembre 2004

 

MATERIAL COMPLEMENTARIO:

Es evidente que la población que no participa de la sociedad mayoritaria forma parte de este grupo de pacientes invisibles, ya que raro sería que desde el sistema sanitario pudiéramos ver con claridad a los que nuestra sociedad sólo mira de soslayo.

Es raro pero a veces pasa, a mi me ha pasado trabajando estos últimos años en una zona marginal en un proyecto especial de inclusión social viendo pacientes invisibles.

¿por qué no los vemos?

1. Porque no llegan: mujer de 24 años, gestante de 23 semanas, este es su cuarto embarazo, deseado a la fuerza (el hijo menor tiene 1 año y no esperaba tener otro tan pronto). Lleva 3 años viviendo en España pero apenas habla castellano. Vive en una chabola con su marido y sus hijos en una zona donde no hay agua corriente ni alcantarillado. Tampoco hay transporte público y ella ni sabe conducir ni se plantea poder mantener un coche. Acudió a una primera visita para control del embarazo y le dieron un montón de papeles que no entendió. Como iba acompañada de una voluntaria de la parroquia que le ayuda con las cosas de los niños, ésta le explicó que tenía que hacerse unos análisis importantísimos tal día como hoy. Nuestra paciente debe presentarse en el hospital (el hospital es muy grande, ¿dónde?) a las 8:30 a.m para hacerse una analítica. Debe ir en ayunas, pero es que para llegar hasta allí tiene que coger 2 autobuses y el metro, si no se le da mal tarda una hora y media. Además no tiene con quién dejar a los niños, la vecina no puede y el pequeño llora si ella no está. Si su marido se queda en casa no hay dinero. Le han dicho que es una prueba importante, pero no va a llegar. Invisible

2. La misma mujer ha convencido al conductor de la ruta que lleva a los niños a la escuela para que la acerque al hospital. Quiere llevarse al más pequeño pero por ahí ya sí que no, se lo deja entre llantos a otra vecina. Ya son las 8:30, se va a retrasar un poco pero ella piensa que al menos va a llegar. En el hospital no sabe a dónde tiene que ir, va preguntando, amasijo de papeles en mano a la gente que ve a su alrededor. Finalmente llega a una puerta que está abierta pero dentro sólo se ve un mostrador vacío. Ya no hay nadie en la zona de analíticas, demasiado tarde. Invisible.

3. Nuestra misma paciente que no pudo hacerse la analítica acude a la revisión con el obstetra, esta vez ha conseguido llegar a tiempo y espera con cautela el tiempo que en la visita anterior no le esperaron a ella. Cuando tiene que entrar no sabe muy bien qué decir pero no hay problema porque la médica coge todos sus papeles y empieza a mirarlos olvidándose de su existencia. La enfermera le toma la tensión, le pesa y le mide, pero no le dice ninguno de los resultados. Luego le indican que se tumbe en la camilla para hacerle una ecografía, por fin le hablan y le preguntan por qué no se ha hecho los análisis. No pudo, responde. Pues hay que poder, le limpian el gel del abdomen y ofreciéndole de nuevo sus papeles mas otro taco más de prescripciones e indicaciones incomprensibles le acompañan hasta la puerta. Saliendo del hospital, piensa que ni siquiera le han dicho el sexo del bebé mientras guarda los papeles en el bolso sabiendo que no volverá. ¿Invisible?

4. De nuevo nuestra gestante. Tiene un dolor muy fuerte en los riñones, sobre todo en el lado derecho y malestar, como escalofríos. No sabe si se está poniendo de parto pero es muy pronto. Su marido llama al 112 porque al no tener coche no le puede llevar al hospital. Le responden que no cumple criterios. Es de noche y se encuentra muy mal así que el marido convence al vecino para que la lleve al hospital por 10 euros. Al llegar, en recepción le piden la tarjeta sanitaria, ella le da todos los papeles pero parece que no está ahí. Entonces le hacen firmar unas hojas que no sabe lo que son pero le queda muy claro que si no presenta la tarjeta tendrá que pagar.

Pasa a la sala de espera y espera y espera. Se encuentra mal y se tumba, le regañan y se vuelve a sentar. Por fin le atienden y le diagnostican una infección de orina, le pautan un antibiótico y le indican que si empeora vuelva. También le repiten varias veces que vaya a control a su médico de cabecera y a que le de la receta. No sabe quién es su médico de cabecera, no va a ir a otro médico ahora. En la farmacia el antibiótico cuesta casi 18 euros, no tiene tanto dinero… no lo puede comprar. (¿no habría otro antibiótico del mismo espectro mas barato?)

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Noviembre. Carta a una paciente inteligente: “Disfrute de su salud, viva feliz y evite los excesos de la prevención”.

Querida paciente:
Da gusto tener noticias suyas y saber que se encuentra bien. El cambio de localidad siempre cuesta, pero en todos sitios hay personas y cosas buenas, como comenta acertadamente.
Nos alegra conocer su mejoría respecto a la artrosis de las rodillas. Es enfermedad crónica que no cura, pero se puede sobrellevar con la actividad y con ese andar por la playa, por la orilla del mar, que tan bien le sienta. No deje de disfrutar de la charla con su amiga en el caminar matinal, y del baile, del que tanto goza, y que es un bálsamo para la salud del cuerpo y del espíritu.
Contestamos a sus dudas sobre las actividades preventivas que le proponen en su nuevo centro el médico y la enfermera. Si hemos entendido bien, le preocupa tanta recomendación, tanto consejo y tanta intervención. Le “huele mal” como dice literalmente, “a exceso peligroso”.
En parte tiene razón, y usted puede identificarse con muchos profesionales sanitarios y pacientes que tienen la misma sensación, de excesos en Medicina tanto en prevención como en diagnósticos y en tratamientos. Los excesos no son buenos para nada.
Sabemos que le gusta leer, y por eso le recomendamos que vuelva a disfrutar de las novelas de Mark Twain, que ya nos comentó le impresionaron en su adolescencia (como a nosotros, especialmente Las aventuras de Tom Sawyer). Mark Twain vivió tiempos terribles, los de la erradicación del esclavismo en los EEUU y los de una crisis económica brutal (le llevó a la bancarrota, a finales del siglo XIX). Fue novelista y periodista, viajero universal, observador y crítico del devenir social. Seguro que usted se identifica con este comentario de Mark Twain sobre la salud: “Hay gente que se priva de todas las cosas que se pueden comer, beber o fumar y que por cualquier causa hayan adquirido mala reputación. Es el precio que pagan por su salud. Y salud es todo lo que obtienen. ¡Qué extraño! ¡Es como gastarse toda la fortuna en una vaca lechera que no da leche!”.
La salud por sí misma no tiene interés. La salud es un valor importante porque ayuda a disfrutar de la vida. Hay salud mientras hay vida.
La vida es complicada y por mucho que lo evitemos siempre nos traerá desgracias y sufrimientos. Con optimismo, con autoestima, con amor, con amistad, con todo eso que a usted le adorna, pese incluso a las enfermedades, hay salud hasta en el último suspiro, justo al morir feliz pudiendo decir aquello de “confieso que he vivido”.
La prevención no evita muertes, simplemente las retrasa. Esos días de más hay que rellenarlos de vida, de disfrute, de optimismo, de espiritualidad y de compromiso con la familia, los amigos y la sociedad.
Pertenecemos a un tiempo y una población, a una cultura y una civilización que a veces quiere de más. Nuestras sociedades occidentales, opulentas y cultas, desean evitar todo riesgo, todo evento desagradable. La sociedad quiere la ecuación cerrada contra la incertidumbre y la indeterminación.
En la búsqueda de una quimera, de la juventud eterna, la Medicina nos invita a invertir todos nuestro tiempo y dinero en prevención, en un futuro que no se cumplirá y que acabará, inevitablemente, en la muerte. En la esperanza de un futuro incierto negamos las vivencias de un presente tangible. Evitamos el riesgo sin ser conscientes de que la vida en sí es una enfermedad de transmisión sexual que siempre acaba en muerte.
Morimos un poco cada vez que transformamos todo en riesgo y todo en peligroso, cuando aceptamos las propuestas indecentes de esa prevención que le ofrecen ahora. Dicen que muere mil veces quien tiene miedo a morir, y es bien cierto.
El tratamiento que le han ofrecido para la osteoporosis no ha demostrado su eficacia en mujeres como usted, sin fractura vertebral alguna. Además, se ha demostrado que puede facilitar unas fracturas raras, atípicas, incluso con necrosis y destrucción de la mandíbula. Hizo bien en no hacerse la densitometría, pues es una técnica artificial que no sirve para pronosticar nada. Usted siga con su vida sana, el placer de andar y el de comer bien y de todo. Siga tomando el sol al tiempo que disfruta del aire libre.
Tampoco hace falta que tome el “protector del estómago”, y menos todos los días. Evite los anti-inflamatorios y utilícelos sólo por cortos periodos de tiempo. Los protectores del estómago, como el omeprazol que le recomendaron, tiene muchos efectos secundarios graves. Entre ellos, por ejemplo, el aumento de fracturas (¿no es irónico que le ofrezcan para la osteoporosis un medicamento que produce fracturas atípicas, y además omeprazol, que también se asocia a más fracturas?) y el aumento de infecciones graves (por una bacteria que mata normalmente el ácido del estómago, y que puede provocar diarreas mortales, Clostridium difficile).
Ya sabe que nosotros no le hemos medido nunca el colesterol, pues es inútil. Da igual la cifra que tenga, siga comiendo huevos fritos cuando le apetezca, con mesura en el conjunto de su dieta, tan sana. Los medicamentos para el colesterol son un engaño, salvo que tuviera problemas coronarios (y no es el caso). Esos medicamentos tienen graves efectos adversos, desde dolores de músculos a destrucción renal. A usted no hay porqué hacerle análisis, usted es una persona sana y feliz, y eso es lo importante.
Respecto a al última pregunta, ha hecho bien en no hacerse la mamografía. En tres palabras, “la mamografía mata”. No mata por sí misma, aunque irradia las mamas, sino por los errores que llevan a intervenciones innecesarias. Casi la mitad de las mamas que se operan por cáncer de mama no tienen un cáncer de mama propiamente dicho. Se operan, y luego se aplica radioterapia y quimioterapia, tratamientos todos ellos muy agresivos que provocan daños que no se compensan con ningún beneficio. Sus mamas son para disfrutarlas, y más ahora con ese “novio nuevo” del que nos habla.
Su nuevo médico, su nueva enfermera, son probablemente buenas personas, bien intencionadas. Pero quizá ignoren el concepto de “prevención cuaternaria” y los “daños de la prevención”. Tenga piedad con ellos y siga respetándolos con cortesía. Quizá le ayude el que sepan que nosotros hemos sido sus médicos anteriores, y el invitarles a leer cosas que usted ya conoce, de la página http://www.equipocesca.org
No deje de escribirnos, es un placer saber de su vida y milagros.
Los hijos y nietos, por los que pregunta, siguen bien. Con los problemas de cada día, y las compensaciones continuas.
Nosotros también estamos en el camino, también nos enfrentamos a la vida en su complejidad, tampoco tenemos certezas. Somos unos simples médicos e intentamos vivir sin ignorar el sufrimiento, ni lo malo que nos toca a nosotros y a todos.
Pacientes como usted ayudan a pensar.
Reciba un afectuoso saludo de sus médicos
Juan Gérvas y Mercedes Pérez Fernández

Autores:

Juan Gérvas
Mercedes Pérez Fernández
Médicos generales, Equipo CESCA, Madrid, España
jgervasc@meditex.es mpf1945@gmail.com

Materiales complementarios.

Lecturas.

Jamoulle M. Quaternary prevention: First, do not harm. Text prepared for the 11th Congres of the Sociedade Brasileira de Medicina de Família e Comunidade (SBMFC), Brazilia, 2011 June 23- 26.

Kuehlein T, Sghedoni D, Visentin G, Gérvas J, Jamoulle M. Prevención Cuaternaria: actividad del médico general. Primary Care. 18; 2010.

- Uso y abuso del poder médico para definir enfermedad y factor de riesgo, en relación con la prevención cuaternaria. Gérvas J, Pérez Fernández M. Gac Sanit. 2006;20(Supl 3):66-71. 

Vídeos.

La Ley de cuidados inversos en salud.

La Ley de Cuidados Inversos en Salud from Vicente Baos on Vimeo.

Hablemos de prevención cuaternaria en #videosysalud.

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El trabajo en equipo en la Atención Primaria

“En un equipo que funcione bien, cada persona tiene que tener la impresión de que da más de lo que recibe.

Por consiguiente hay que contrarrestar este pensamiento sabiendo reconocer todo lo que recibimos de los demás”

Francesc Borrell. Aforismos que me ayudan. JANO 2001; 1405: 1240

Según la OMS (1973), el equipo de salud se define como aquella “Asociación NO JERARQUIZADA de personas, con diferentes disciplinas y profesionales, con un objetivo común, que es el proveer en cualquier ámbito a los pacientes y familias la atención más integral de salud posible”.

¿Cómo alcanzar esos objetivos? “Desarrollando unas funciones”, dicen las directrices.

Funciones que en el ámbito de la AP todos conocemos de memoria, como atender la asistencia sanitaria de una forma coordinada con el nivel hospitalario, realizar actividades encaminadas a la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y a la reinserción social, contribuir a la formación y seguir avanzando a través de actividades de investigación e innovación.

El sentido común nos dice que llevar a cabo todas estas tareas, y sobre todo la primera, la de atender a más del 80% de los problemas de salud que día a día que se generan en nuestro país, “cada uno por su lado” no contribuye mucho a conseguir los objetivos de “proveer una atención integral”. Y que para dar respuesta a esos problemas se necesita del aporte de muchos profesionales y disciplinas diferentes, ya que los determinantes en salud, como hemos visto en el mes pasado, en la mayoría de las ocasiones no sólo trascienden de la consulta del médico o de la enfermera, sino del propio centro de salud.

Tenemos la definición, tenemos constituída “la asociación no jerarquizada”, conocemos nuestras funciones, estamos sensibilizados sobre la necesidad del trabajo en equipo… entonces, ¿porqué no trabajamos en equipo? ¿Qué es lo que falla?

El verdadero trabajo en equipo necesita de algunos ingredientes más (JAMA.2004;291:1246-51. J Adv Nurs; 20(2):324-330).  En primer lugar, tener unos objetivos claros (sin perder el norte, nuestro compromiso diario con el paciente), unos procedimientos y herramientas de trabajo clínico y administrativo adecuados para cumplir esos objetivos y una apropiada y efectiva división del trabajo (designación de roles y seguimiento del desempeño de los mismos). No debemos olvidar tampoco el papel de una formación adecuada para cumplir esos roles, ni la importancia de una comunicación real y fructífera entre los miembros del equipo. Tendremos más garantías de éxito si además hay un liderazgo efectivo de un miembro del equipo que conozca las aptitudes (capacidad, suficiencia e idoneidad) de cada miembro y que lo ejerza con unas actitudes (disposición de ánimo, dar y recibir, y, sobre todo, escuchar) adecuadas. Pero también es necesario que todos los miembros del equipo compartan la misma idea y fines (identidad de grupo) y que sigan la misma filosofía de trabajo, que en nuestro ámbito no son más que las piedras filosofales de la Atención Primaria.

Para ésto último, un acontecimiento importante ha sido la creación de la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria. Este hecho brindará al colectivo de enfermería una oportunidad de aumentar su potencial, fomentar su rol como especialista, dotándoles de autonomía y responsabilidad en las intervenciones ante individuos, familías y comunidades.

Los profesionales que componen los equipos de AP conforman un grupo, y como tal, están inmersos en las dinámicas y demandas intra e intergrupales. En este contexto, conseguir un adecuado clima laboral es fundamental. Pero además, es que el grupo está compuesto por personas, y por tanto, sufrimos estrés o por el contrario satisfacción, nos sentimos desgastados o bien gratificados. Por tanto, a veces falla lo más básico: simplemente tener consideración que no estamos sólos en este mundo, que un equipo es un grupo y que ese grupo es humano. Entre todos podemos contribuir a mejorar el clima laboral y favorecer un entorno de trabajo en el que podamos trabajar dando lo mejor de nosotros mismos, aunque también son necesarios recursos de las administraciones implicadas y, sobre todo, respeto y consideración por nuestro trabajo.

Ahora que ya sabemos “lo que falla”, es cuando nos echamos las manos a la cabeza y decimos: “¡pero qué complejo es ésto, por favor!”. Complejo sí; difícil no. Tengamos las cosas claras. Basta con saber todo lo que cada uno de nosotros puede aportar, estar dispuestos a ser complementarios, a converger en pos de un objetivo común, a coordinar nuestro trabajo de una forma organizada y comunicándonos con los demás de una forma abierta. Todo ésto sobre unas bases sólidas: confianza en nosotros mismos y en el equipo y compromiso de dar lo mejor de sí mismo y en anteponer el éxito del equipo al propio. ¡Fácil, no!

Resumen

Resumen de la entrada en Prezzi.

Bibliografía

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Salud 21. Salud para Todos en el siglo XXI Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo.1999.
  • Cortina A. Ética para la sociedad Civil. Valladolid. Secretariado de Publicaciones. Universidad de Valladolid.
  • Trabajo en equipo. Pablo Cardona, Helen Wilkinson. 2006. Universidad de Navarra.
  • March Cerdá JC, Oviedo-Joekes R, Romero Vallecillos M, Prieto Rodríguez MA, Danet A. Mapa emocional de equipos de atención primaria en Andalucía. Aten Primaria. 2009;41(2):69–75.

Propuesta de ejercicio práctico

¿Quieres conocer cómo es el clima emocional de tu equipo? ¿Te has preguntado mil veces cómo mejorarlo? ¡Pues sigue estas instrucciones!:

1) Descárgate este cuestionario.

2) Pásaselo a todos los compañeros de tu centro que puedas, estando todas las categorías profesionales representadas.

3) Recopílalas todas y mándalas a tatesjoan@gmail.com.

4) En unas semanas, Joan Carles March, experto en la materia, te contestará con el análisis del clima emocional de tu equipo y con algunas recomendaciones para mejorarlo.

¿Te animas?

Material complementario

Especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria: ¿cómo puede contribuir a mejorar el trabajo en equipo en AP?Material complementario

Escena de Wire. The Table. ¿Todos a una? Fijando objetivos en el trabajo en equipo

Joan Carles March (editor) “Equipos con emoción”. Escuela Andaluza de Salud Pública. 2011.

Sigue leyendo

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Septiembre: El centro de salud no es el único centro de la salud.

Sí, en el número de septiembre de APXII trataremos de evidenciar que el centro de salud no es siempre el centro de la salud de nuestra población. Hablaremos sobre otros centros de la salud muy importantes. Y lo haremos a través de una historia cotidiana, la de María, una mujer que atendemos a diario en nuestras consultas. Utilizaremos tres escenarios: el primero se llama “Trabajar desde la consulta mirando a la calle”, el segundo “El entorno y la comunidad donde vivimos determina nuestra salud” y el tercero “Gobiernos eficaces, sociedades justas, vidas saludables”. Pero lo mejor es que hagas click aquí y lo descubras por tu cuenta.

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Agosto: relaciones con la Industria Farmacéutica; ¿se puede estar en la trinchera sin llenarse de barro hasta las rodillas?

Imagen cedida por "El Roto".

Gema está terminando su primer día como estudiante en el centro de salud que le han asignado de prácticas; su tutor, Alberto, un médico de los de la época del inicio de la especialidad le parece un profesional muy competente con una especial capacidad para conectar con sus pacientes. Termina la consulta, pero aún quedan 2 horas para el final de la jornada laboral. En ese momento entra una mujer de unos 35 años, trajeada, (excesivamente) sonriente, que comienza a conversar con Alberto como si fueran grandes amigos. “Será una antigua compañera o la familiar de algún paciente”, piensa Gema para sus adentros, pero acto seguido empieza a hablarle de un nuevo medicamento…

La interacción entre la industria farmacéutica y los diferentes profesionales que forman el sistema sanitario (desde gestores hasta médicos y enfermeras -incluyendo estudiantes-) es algo que se ha instaurado en nuestra vida diaria con completa normalidad. En el caso que a nosotros nos atañe (el de los médicos), éstos han pasado a considerar a la industria farmacéutica no sólo como una investigadora y fabricante de medicamentos, sino incluso como un agente de formación sobre práctica clínica (no sólo medicamentos), girando esta relación entre los médicos y la industria en torno a un acto concreto: la visita médica. A pesar de que por ley el médico no está obligado a recibir a los representantes farmacéuticos, la amplia mayoría de éstos lo hace, ignorando, en gran medida, la influencia que esto tiene sobre su prescripción (aunque sí que reconozcan esta influencia en sus compañeros)(1).

En nuestra opinión, la relación entre la industria farmacéutica y los profesionales sanitarios tiene que estar regulada para poder responder con independencia (tanto clínica como formativa) a los intereses que rigen la acción de la industria, pudiendo ser estos intereses -económicos- muy dañinos para los pacientes, el sistema sanitario, nuestra práctica clínica y el desarrollo de la ciencia.

Los médicos que defienden la independencia del médico en sus relaciones con la industria no lo hacen motivados por un fundamentalismo ideológico, sino por el deseo de lograr una mejora en la calidad de la asistencia clínica y de la formación teórica, movidos por los resultados de los estudios que muestran que la influencia de la publicidad en la prescripción de los médicos es de mayor magnitud que la de los artículos científicos publicados en revistas médicas. (2)

Desde un punto de vista meramente operativo, la visita de los representantes a los médicos plantea tres problemas:

    1. Supone una merma en el tiempo que podría dedicarse a actividades de formación, investigación o docencia.

    2. El médico se hace eco de información sesgada (ocultación de estudios con resultados negativos, confección de escalas modificadas -y no veraces-, folletos publicitarios con afirmaciones erróneas -o fraudulentas-), promoviendo en los médicos una actitud pasiva frente a la búsqueda de información científica.

    3. La recepción de regalos por parte del médico puede suponer, según de qué se trate, una práctica en los límites de la legalidad según la Ley del Medicamento (a pesar de que Farmaindustria haya confeccionado un código autorregulador de buena conducta que en ocasiones no se ve cumplido).

La industria farmacéutica no es buena ni mala per se; es un motor del sistema sanitario y un eje imprescindible en lo que ha sido la mejora de la salud de la población en los últimos 50 años (aunque de menor impacto que el saneamiento de los espacios públicos o la generalización del acceso al agua potable, por ejemplo); por ello es esa vertiente investigadora la que debe ser potenciada (en la actualidad la inversión de las big-pharma en I+D es de un 15% frente al 40% dedicado a marketing), intentando evitar, regular y mantenerse independientes de las estrategias de ventas que puedan llevar a cabo para maximizar sus beneficios, tales como: (3)

    1. Promoción de enfermedades (disease mongering): mediante la medicalización de estados no patológicos (timidez, calvicie, menopausia) o tratando de bajar los umbrales diagnósticos y terapéuticos (por ejemplo, los objetivos de cifras tensionales o las cifras deseables de HbA1c en los pacientes diabéticos).

    2. Comercialización de fármacos “me too”: la generación de medicamentos que no suponen para la práctica  ningún aporte significativo -y cuya investigación cuesta a la industria farmacéutica un 30% menos que si se tratara de una molécula innovadora- es una de las estrategias de la industria farmacéutica para maximizar beneficios y eludir los vencimientos de las patentes.

    3. Dinamización de la adopción de innovaciones farmacológicas: mediante cursos de formación, contratación de líderes de opinión, impregnación de las guías de práctica clínica, financiación de  sociedades científicas y sociedades de pacientes…

Hoy en día, con el acceso a internet presente en la mayoría de nuestros domicilios y teléfonos móviles (aunque aún no en todas nuestras consultas), aludir a la necesidad de acceder a la formación que proporciona la industria farmacéutica para perpetuar la actual relación con la misma parece un argumento ciertamente pobre y superficial; multitud de iniciativas institucionales (CKS, NICE, Boletines de Información Terapéutica) y no institucionales (listas de correo electrónico, blogosfera sanitaria, seminarios independientes) han surgido ofreciendo a los profesionales sanitarios fuentes de información veraz, contrastable e independiente de intereses económicos.

Pero no sólo los médicos son objeto de relaciones con la industria farmacéutica que deberían ser reguladas; desde estudiantes hasta gestores de centros sanitarios y consejeros/ministros de sanidad mantienen relaciones que ponen en entredicho su independencia a la hora de la toma de decisiones. En el caso de los estudiantes, los estudios publicados muestran que un elevado porcentaje de los mismos han tenido algún contacto promocional con la industria farmacéutica, mostrándose más conscientes de la influencia que esto puede tener sobre su futura prescripción que los médicos ya licenciados; en el año 2006 JAMA (4) publicó un artículo en el que se realizaban algunas recomendaciones sobre las relaciones que las universidades debían tener con la industria farmacéutica en lo relativo a la formación de pregrado (aplicable tanto a estudiantes como a profesorado); en dicho artículo se decía lo siguiente:

“More stringent regulation is necessary, including the elimination or modification of common practices related to small gifts, pharmaceutical samples, continuing medical education, funds for physician travel, speakers bureaus, ghostwriting, and consulting and research contracts”

[“Es necesaria una regulación más estricta que incluya la modificación o eliminación de prácticas habituales relacionadas con pequeños obsequios, muestras de productos farmacéuticos, formación médica continuada, subvención de viajes, agendas de conferenciantes, publicación de artículos con firma fantasma, contratos de consultoría e investigación”]

La formación universitaria debe caracterizarse por la formación de un espíritu crítico que se aleje de los intereses empresariales y capacite a los futuros médicos para generar un entorno formativo con capacidad de crítica (incluyendo comprensión de información científica, uso racional del medicamento, habilidades comunicativas -in situ y en red-,…) que se pueda perpetuar durante sus años de ejercicio profesional, sin verse directa o indirectamente condicionados por aquellos agentes que puedan tener, en ocasiones, intereses muy diferentes a los de los estudiantes, médicos y/o pacientes.

En resumen, es necesario que la transparencia permeabilice nuestras relaciones con la industria farmacéutica; hay que transformar los espacios actualmente reservados a la “visita médica”  en tiempo para dedicar a la formación, docencia e investigación, fomentando, por encima de todo, una actitud crítica e independiente en nuestro trabajo diario. Cambiar la práctica clínica es una tarea difícil, y mejorar los hábitos de prescripción, un reto; pero aprender a hacer las cosas bien desde el principio, es algo que debería estar en nuestras manos.

En ocasiones la mejor forma de generar sinergias (palabra de moda) es dedicarse a lo que uno mejor sabe hacer: la industria farmacéutica a diseñar, fabricar y comercializar fármacos innovadores frente a los mayores problemas de salud de la población; los médicos a tratar de mejorar la salud de su población mediante una buena práctica clínica empática basada en una formación crítica e independiente.

AUTORES (p.o. alfabético)

Javier Padilla. MIR Medicina Familiar y Comunitaria. Co-autor de medicocritico . Miembro de NoGracias. [@javierpadillab]

June Udaondo. Médico. R0 de quién-sabe-qué. (co)coordinadora de Farmacriticxs. Recién incorporada a medicocritico [@Txun_Lee]

Jose Valdecasas. Psiquiatra. Co-autor del blog postpsiquiatria [@jose_valdecasas]

COLABORADORES (p.o. alfabético)

Montse Bosch y Roser Llop (@sietes7). Fundació Institut Català de Farmacologia Barcelona

MATERIALES COMPLEMENTARIOS.

Decálogo para una formación independiente. Udaondo J. Padilla J. [formato PDF]

Periodismo Humano (@phumano): Razones para el escepticismo.

Postpsiquiatría: Formación y deformación.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA.

1- Steinman MA, Shlipak MG, McPhee SJ. Of principles and pens: attitudes and practices of medicine housestaff towrd pharmaceutical industry promotions. Am J Med. 2001 May;220(7):551-7

2- Drug advertising in The Lancet. The Lancet. 211;378:2

3- Bonis J. Industria farmacéutica e industria audiovisual: ¿puede un modelo de negocio ser socialmente pernicioso?. Disponible en:  http://pelladegofio.blogspot.com/2011/07/industria-farmaceutica-e-industria.html
4- Brennan TA, et al. Health industry practices that create conflicts of interest: a policy proposal for academic medical centers. JAMA. 2006;295(4):429-433

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Julio: Motivación y dirección de personas en medicina de familia: Dejad de jugar con nosotros.

Fotografía: JosTemprano.com

Cuando una organización no cuida las condiciones laborales ni las condiciones de desarrollo profesional de los profesionales que trabajan en ella corre el peligro de que éstos acaben por no sentir como propios los valores que la organización teóricamente persigue, generándose una divergencia difícilmente salvable entre la organización (per se) y los profesionales que la conforman. Esto es lo que ocurre en la Atención Primaria de nuestro Sistema Nacional de Salud (con sus 17 subdivisiones atomizadas), en la que la gestión y dirección de las personas que trabajan en ella [habitualmente llamadas "políticas de recursos humanos"] han dejado de ser una oportunidad para la consecución de unos objetivos para ser un problema (de salud, incluso).

En lo que se refiere a las condiciones laborales, contamos con un modelo profesional cuyos integrantes han de pasar 8-10 años encadenando contratos de un máximo de 6 meses, aboliendo así la longitudinalidad y la continuidad -dos de los valores nucleares de la Atención Primaria-, en busca de la promesa más o menos formal de una plaza fija en la cual cultivar a base del paso de los años la mal llamada carrera profesional, no basada en méritos, iniciativas o logros, sino convertida en un premio al paso de los años.

Este tema de la llamada “carrera profesional” es, quizá, uno de los mayores puntos críticos de la actual gestión de las condiciones de desarrollo profesional de los integrantes del sistema público de salud. El sistema actual de carrera profesional no sirve para potenciar o impulsar el desarrollo profesional de los médicos ni para recompensarlo, convirtiéndose, incluso, en un obstáculo para éste pues ocupa un lugar (legislativo, normativo) que no puede ocupar otro modelo mejor. Los incentivos extrínsecos no logran activar el sistema de autocontrol espontáneo de los profesionales (la dedicación) ni alinearlos con los objetivos de la institución; los gestores deberían comprender que los médicos de familia no hemos elegido esta profesión para recibir las “propinas” de los incentivos monetarios (disfrazados de “carrera profesional” o de “productividad”), sino para decidir junto con nuestros pacientes lo que a éstos más les conviene; en este sentido podríamos afirmar que ni siquiera los gestores más economicistas querrían tener trabajando para ellos a un médico excesivamente motivado o motivable por incentivos monetarios; en el caso de que esto fuera así nos encontraríamos ante una organización que preferiría al profesional mercenario antes que al profesional ético. Nosotros hablamos desde el supuesto de que estamos en una organización ética, pero esto ha de concretarse en hechos y conductas observables.

Para la consecución de los objetivos de la Atención Primaria es necesario que los médicos de familia presenten unos altos niveles de motivación y dedicación, pero esto no se logra con el control externo mediante la simple aplicación del poder coactivo (estímulos externos -premio o castigo-) y del reglamento (delimitación pormenorizaca de aquello que el profesional debe hacer para lograr lo objetivos). Es preciso trabajar en la retención del talento: identificar a los profesionales con las mejores capacidades y potencial de acción y comprometerles con lo que la Atención Primaria más necesita en cada momento; generar un entorno organizativo y de práctica con valor para dichos profesionales y orientar la organización hacia la creación y transferencia del conocimiento que en ella existe para que pueda ser utilizado por todos sus miembros.

Para que los médicos de familia asuman cooperativamente la responsabilidad relacionada con la misión de la Atención Primaria es necesario: a) descubrir, reconocer y potencias las capacidades de los profesionales, devolviéndoles el poder, reconociendo que cada vez pueden estar más capacitados para responder a nuevos objetivos; b) clarificar las reglas del juego y los valores compartidos (la cooperación responsable no germina cuando la opacidad y la ausencia de veracidad y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace se instalan en la institución -organización hipócrita-) y, c) gestión de personas basada en la confianza y no en la sospecha.

Los responsables de nuestro sistema sanitario harían bien en plantearse la siguiente cuestión: ¿vamos a mantener la estructura burocrática de control maquinal o vamos a desarrollar en serio la autonomía responsable -empoderamiento- de nuestros médicos de familia?

AUTORES (p.o. alfabético):

Julio Bonis Sanz. Médico de familia. MBA-IESE.

Carmen L-Fando Lavalle. Médico de familia. Autora de eltiempoestuyo

Juan Simó Miñana. Médico de familia. C.S. Rochapea. Pamplona (Navarra).

MATERIALES COMPLEMENTARIOS:

Ríos Heldt Fabiola, Schonhaut Berman Luisa. Atención Primaria de Salud: Factores de Desmotivación y Estabilidad Laboral de Médicos Generales. Rev Clin Med Fam  [revista en la Internet]. 2009  Oct [citado  2011  Jul  11] ;  2(8): 378-385.

Simó Miñana Juan. La carrera profesional del médico de familia: sentido y valor de su motivación. JANO EXTRA MARZO  2005. VOL. LXVIII N.º 1.558

Simó Miñana J. Crisis en la medicina de familia: comentarios a una perspectiva bioética desde la práctica diaria. Aten Primaria. 2011.

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Junio: Investigación, innovación y desarrollo en AP: de los sueños a la realidad posible

Imagínese usted una empresa de servicios cuya plantilla haya sido escogida con el mayor rigor posible eligiendo a los profesionales mejor formados del país. Imagine que estos profesionales son dispuestos en una estructura rígida que no permita apenas la flexibilidad. Imagine que la dirección de la empresa decide no tener en cuenta el talento del personal y no favorece la comunicación con ellos. Imagine que los procesos de innovación y desarrollo son únicamente motivados desde “arriba”. Imagine que esa empresa no dedica suficientes esfuerzos a investigar…

El resultado sería catastrófico. La empresa no podría competir ni desarrollarse ni evolucionar. La paradoja es que esta empresa existe y se llama Atención Primaria de Salud, la parte del sistema sanitario público que atiende a la población en centros de salud.

La investigación en salud ha tenido una trayectoria de base hospitalaria. Es en los grandes centros sanitarios donde se concentra la tecnología y los medios adecuados para investigar. Tomar conciencia de que es importante investigar aspectos del conocimiento desde perspectivas más cercanas al paciente parece necesario. Un apoyo institucional es necesario, desde plataformas que puedan potenciar el talento de la organización y captar fondos públicos y privados para impulsar líneas de investigación de interés para la sociedad. Favorecer la presencia en la universidad de la medicina de familia ayudará a integrarla con el resto de la comunidad investigadora, este impulso precisa de apoyo institucional.
En algunas Comunidades Autónomas han empezado a apostar por esta realidad. La I+D+i se puede impulsar en Atención Primaria. El ejemplo de O + berri del gobierno vasco, la Fundación Tic salut de Cataluña o la Escuela Andaluza de Salud Pública nos indican una ruta a seguir. Todo lo que se investiga en eficacia, en nuevas intervenciones, fármacos, Tics (Tecnologías de la información y la comunicación)… debería ser evaluado en el medio natural de implantación que es la población atendida en Atención Primaria.

Es posible desarrollar investigación de alta calidad en Atención Primaria si se impulsa con políticas eficaces y recursos concretos desde el Instituto Carlos lll y otros organismos autonómicos, en igualdad de condiciones con el ámbito hospitalario. Investigación que prime los POEMS (Patient Oriented Evidence that Matters) frente a los DOES (Disease Oriented Evidence). Investigación que tenga en cuenta la perspectiva comunitaria y no tenga miedo de emplear metodología cualitativa que puede obtener información de mucha calidad.

Por otro lado parece claro que estamos en el tiempo de las redes sociales. El sistema sanitario arrastra una enorme inercia que lo hace sordo a esta realidad. Pero, como nos enseñan las comunidades de investigación de disciplinas como la física y otras ciencias, no es posible investigar ni innovar en solitario. Las redes sociales profesionales que conectan investigadores y equipos entre sí son una herramienta imprescindible. Los profesionales sanitarios están entrenados para solucionar problemas y buscar información sanitaria, es preciso que esa formación incluya habilidades para conectarse a nuevas fuentes de información profesional y a redes que permitan la interacción y el trabajo en equipo. No podemos esperar a que la información nos la sirvan en forma de libro o artículo científico. Hoy es posible estar conectado directamente con los investigadores e innovadores y acceder a las ideas en fases precoces de su desarrollo. La información se ha horizontalizado tanto a la hora de su consumo como de su producción. Desarrollar contenido para pacientes y para profesionales, hacer públicas ideas, ahora es posible gracias a los blogs y las herramientas de trabajo colaborativo que ofrece internet. Esta producción de contenido es una gran oportunidad para que cualquier profesional de Atención Primaria comparta propuestas, que pueden hacerse de forma escrita o mediante lenguaje audiovisual, con vídeo o audio.

La palabra innovación se escribe con las aportaciones, muchas veces anónimas, de profesionales asistenciales involucrados con su trabajo, que comparten en sus centros y en internet. Una idea que funciona en un centro de salud puede aplicarse fácilmente a otros. Si conseguimos caminar hacia esa cultura podremos hacer avanzar nuestro modo de atender y cuidar al paciente.

Innovar no es volver a inventar la rueda. Se trata de usar las ruedas que tenemos de una forma mejor, se trata de compartir información, conocimiento y sabiduría. Se trata de implementar y llevar a cabo ideas que puedan aportar un valor añadido a la asistencia. Es un cambio de cultura y mentalidad. Todos y todas estamos llamados a mejorar y a participar en la mejora. Habrá que hacerlo tanto de arriba a abajo con políticas y acciones que potencien este camino, como de abajo a arriba con ideas y propuestas de todos los profesionales.

Parece justificado reconocer que la investigación, el desarrollo y la innovación no son caprichos, son la diferencia entre una organización que prospera y otra que colapsa. Apostar por la I+D+i en Atención Primaria es apostar por mejorar el sistema sanitario y la atención a todos los pacientes.

Autores (p. o. alfabético):
Clara Benedicto, médico residente de cuarto año de medicina de familia. CS El Greco, Getafe (Madrid).
Salvador Casado Buendía. Médico de Familia. EAP Villalba pueblo, Madrid.
Rafael Cubí. Médico de Familia. EAP Salt (Girona).
Rosa Magallón. Médica de Familia. EAP Arrabal, Zaragoza.
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Fotografía de: Contando Estrelas

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